Honduras y los aprendices de Carmona
Pedro Carmona puede comenzar a respirar tranquilo. Su fugaz experiencia golpista está pronto a dejar de ser la farsa más grande montada en nombre de la liberación democrática en el Siglo XXI en América latina. Roberto Micheletti y compañía se están encargando de ello, con sus esfuerzos por enterrarse más y más en el barro ante la mirada del mundo. Y no sólo por el ridículo de poner mal la fecha en la falsificada carta de renuncia de Manuel Zelaya.
Quizá alguien logre afirmar que el reclamo original de los golpistas contra Zelaya previo al golpe era legítimo (dicen que impulsó un plebiscito ilegal), pero usar un alzamiento militar para imponer la demanda justamente en América latina, y en esta América latina de las buenas relaciones diplomáticas y el multilateralismo, demuestra una miopía política y diplomática dificil de igual.
Micheletti y Co. no han sólo disparado la reacción del Quinteto del ALBA, sino también de intelectuales centroamericanos que perticiparon de lleno en procesos armados y hoy miran la política de sus países con recelo y ojo crítico desde fuera, como es el caso del ex guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos y el ex guerrillero y ministro nicaragüense Sergio Ramírez, antes amigo y ahora crítico de Daniel Ortega. Tanto Villalobos como Ramírez escribieron excelentes críticas del golpe de estado hondureño, sin necesidad siquiera de defender a Zelaya en base a sus políticas de gobierno.
Habrá quien crea que Cristina Fernández de Kirchner y Rafael Correa se están metiendo adonde no deben si acompañan, junto a José Miguel Insulza y Miguel d'Escoto, el jueves a Manuel Zelaya en su regreso a Honduras. Zelaya ya cuenta con un ancho de bastos, si no de espadas, gracias al apoyo internacional, incluída la suspensión de préstamos del Banco Mundial a Honduras, pero la presencia de semejante cuarteto extranjero sólo lo puedo fortalecer, como también lo fortalece la decisión de Hugo Chávez de guardarse y no ir.
Mientras tanto, una parte importante de la prensa hondureña intenta pintarle al mundo un retrato que parece ser distinto al de la realidad: visto a través de los ojos de los principales diarios locales, La Prensa y El Heraldo, en Tegucigalpa y San Pedro Sula las protestas son sólo en celebración del derrocamiento; a través de ojos algo más objetivos, hay protestas a favor de Zelaya y del golpe.
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Pablo Ordaz, de El País, relata una conferencia de prensa de Micheletti que pinta en pocas líneas la situación:
Quizá alguien logre afirmar que el reclamo original de los golpistas contra Zelaya previo al golpe era legítimo (dicen que impulsó un plebiscito ilegal), pero usar un alzamiento militar para imponer la demanda justamente en América latina, y en esta América latina de las buenas relaciones diplomáticas y el multilateralismo, demuestra una miopía política y diplomática dificil de igual.
Micheletti y Co. no han sólo disparado la reacción del Quinteto del ALBA, sino también de intelectuales centroamericanos que perticiparon de lleno en procesos armados y hoy miran la política de sus países con recelo y ojo crítico desde fuera, como es el caso del ex guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos y el ex guerrillero y ministro nicaragüense Sergio Ramírez, antes amigo y ahora crítico de Daniel Ortega. Tanto Villalobos como Ramírez escribieron excelentes críticas del golpe de estado hondureño, sin necesidad siquiera de defender a Zelaya en base a sus políticas de gobierno.
Habrá quien crea que Cristina Fernández de Kirchner y Rafael Correa se están metiendo adonde no deben si acompañan, junto a José Miguel Insulza y Miguel d'Escoto, el jueves a Manuel Zelaya en su regreso a Honduras. Zelaya ya cuenta con un ancho de bastos, si no de espadas, gracias al apoyo internacional, incluída la suspensión de préstamos del Banco Mundial a Honduras, pero la presencia de semejante cuarteto extranjero sólo lo puedo fortalecer, como también lo fortalece la decisión de Hugo Chávez de guardarse y no ir.
Mientras tanto, una parte importante de la prensa hondureña intenta pintarle al mundo un retrato que parece ser distinto al de la realidad: visto a través de los ojos de los principales diarios locales, La Prensa y El Heraldo, en Tegucigalpa y San Pedro Sula las protestas son sólo en celebración del derrocamiento; a través de ojos algo más objetivos, hay protestas a favor de Zelaya y del golpe.
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Pablo Ordaz, de El País, relata una conferencia de prensa de Micheletti que pinta en pocas líneas la situación:
[...] de pronto, los periodistas llegados de fuera empezaron a plantear cuestiones menos cómodas.-Señor presidente, militares encapuchados secuestran a punta de fusil al presidente democráticamente elegido y lo sacan en pijama del país. Usted dice que eso no es un golpe de Estado. ¿Me podría decir, por favor, qué es?
Micheletti, empresario del transporte además de diputado, se enfada. Esgrime un ejemplar de la Constitución y se lo enseña con malas pulgas al periodista extranjero: "Usted no se ha leído nuestra Constitución, ¿verdad? Pues la Constitución no puede ser pisoteada por nadie. Por eso el Ejército detuvo a Zelaya. Y lo volverá a hacer si otro presidente hace lo mismo". Y, para evitar más impertinencias, Micheletti, flamante presidente de Honduras, se levanta y se va.
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Incluso Álvaro Vargas Llosa, con lo poco amigo de las izquierdas latinoamericanas que es, debe reconocer entre dientes y con infinidad de parábolas, que el golpe de estado es, como mínimo, contraproducente para la causa anti-Zelaya. Preocupado como siempre lo está con Chávez, Vargas Llosa admite que lo máximo que logra el alzamiento a nivel internacional es convertir al venezolano en vocero de la democracia subcontinental:
Los de The Economist intentan ser salomónicos. Quieren que Honduras sea un país democrático y que se ponga fin al golpe, pero por otro lado no quieren que Zelaya se quede demasiado tiempo en la presidencia:
La derecha norteamericana babea: un golpe como los de antes. Lástima, piensan, que el presidente actual no sepa poner en línea a todos estos latinoamericanos que no piensan igual que uno. Para Roger Noriega (uno de los encargados de la región cuando George W. Bush vivía en la Casa Blanca) "los miembros de la OEA no tienen ni la credibilidad ni la autoridad moral para emitir juicio sobre los patriotas desesperados que actúan en defensa de su libertad".
Mary O'Grady, la especialista en América latina del Wall Street Journal, piensa más o menos lo mismo:
Incluso Álvaro Vargas Llosa, con lo poco amigo de las izquierdas latinoamericanas que es, debe reconocer entre dientes y con infinidad de parábolas, que el golpe de estado es, como mínimo, contraproducente para la causa anti-Zelaya. Preocupado como siempre lo está con Chávez, Vargas Llosa admite que lo máximo que logra el alzamiento a nivel internacional es convertir al venezolano en vocero de la democracia subcontinental:
La solución ideal sería que Zelaya volviera al poder y dejara el puesto el año próximo, cuando asuma su sucesor. Sin embargo, es poco probable que los golpistas den un paso atrás. También es poco probable que, de ser reinstaurado con éxito, Zelaya renuncie a su proyecto re-eleccionario. Lo único que está prácticamente garantizado es un periodo de gobierno ilegítimo en Honduras — y una explotación incesante de la situación por parte de Chávez, convertido en un inesperado paladín de la democracia Jeffesoniana en América latina.-------------
Los de The Economist intentan ser salomónicos. Quieren que Honduras sea un país democrático y que se ponga fin al golpe, pero por otro lado no quieren que Zelaya se quede demasiado tiempo en la presidencia:
[...] For the region’s diplomats, the task now is to restore Mr Zelaya to power but oblige him to respect the constitution until November’s election allows a new president to take office in January.--------------
La derecha norteamericana babea: un golpe como los de antes. Lástima, piensan, que el presidente actual no sepa poner en línea a todos estos latinoamericanos que no piensan igual que uno. Para Roger Noriega (uno de los encargados de la región cuando George W. Bush vivía en la Casa Blanca) "los miembros de la OEA no tienen ni la credibilidad ni la autoridad moral para emitir juicio sobre los patriotas desesperados que actúan en defensa de su libertad".
Mary O'Grady, la especialista en América latina del Wall Street Journal, piensa más o menos lo mismo:
Yesterday the Central American country was being pressured to restore the authoritarian Mr. Zelaya by the likes of Fidel Castro, Daniel Ortega, Hillary Clinton and, of course, Hugo himself. The Organization of American States, having ignored Mr. Zelaya's abuses, also wants him back in power. It will be a miracle if Honduran patriots can hold their ground.

