El poder y el delirio, o como arruinar una tesis con una conclusión descabellada
De a ratos, el anti-chavismo krauziano se hace algo cansador, pero a grandes rasgos se hace llevadero (más allá de que a veces todo parezca inflado) porque está bien escrito, contiene una amplia gama de opiniones y datos y tiene buenos argumentos, más no sea por permitir que uno participe en imaginaria discusión con el autor. Pero en eso llega la conclusión, con el largo argumento presentado a partir de los dichos de un ex presidente boliviano y no hay nada que hacerle, todo lo bueno y llevadero pasa al olvido:
(...) Jorge Quiroga - ex presidente de Bolivia entre agosto de 2001 y agosto de 2002 - la describe con claridad: es la fórmula de las cuatro "P": la persona, el partido, el programa y la plata. Chávez identifica a la figura contestaria del país "hermano" (un jefe cocacolero en Bolivia, un doctor en economía en Ecuador, una reliquia de la Guerra Fría en Nicaragua, un obispo en Paraguay). Es la única P que necesita en el nivel local. El resto de las P van por su cuenta. Gracias a la plata se producen (e inducen) movimientos de desestabilización, bloqueos, movilizaciones, tomas de edificios públicos. El desgaste avanza, la violencia legítima que puede ejercer el régimen se lleva al punto límite y estalla. Se provoca así la renuncia del gobierno electo o la revocación del mandato. Aparece un régimen de transición que convoca a nuevas elecciones. Entonces entra en acción el personal altamente sofisticado en cuestiones de programa y propaganda, formado - según dice haber visto personalmente Quiroga - por expertos venezolanos, cubanos y españoles.Ya está: Evo Morales, Correa, Fernando Lugo (quien siquiera se sabe todavía qué va a hacer) son todo virreyes del chavismo. Todos llegaron al poder porque Chávez creó el escenario en sus países. La tradición de conflictos, peleas, enfrentamientos y tomas de edificios en Bolivia y Ecuador no tienen importancia, son olvidables, no sirven para poner las cosas en contexto porque hay que demostrar que Chávez lo hizo. Y que la victoria de Lugo pueda ser un hito similar al de Tabaré Vázquez en Uruguay tampoco importa porque Chávez lo hizo..
Tras sobrevenir el triunfo, el candidato afín a Chávez se convierte en virrey. Y le conviene por motivos económicos. Pero las condiciones de la metrópoli son claras: alineamiento incondicional y adopción del programa político chavista: convocar a una Asamblea Constituyente, redactar una nueva Constitución (calcada de la que - a través de las leyes habiltantes - está imponiendo Chávez) y "licuar" (término exacto, usado por Quiroga, una a una, a las instituciones democráticas.
(...)
Pero es un hecho que Chávez cuenta ahora ya con el alineamiento incondicional de Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Paraguay. Son sus virreinatos.
La reseña, en unos días.

