El payaso Boris Johnson, el derrumbe laborista y el impulso de los Tories
La victoria de Boris Johnson en la elección municipal londinense fue el hito del electoral Día del Trabajador británico. Esa victoria implicó la derrota del dos veces intendente Ken Levingstone, "El rojo" (por su pasado de activismo izquierdista), y del laborismo en una ciudad laborista. Fue el clavo que cerró el ataúd de un día negro para el partido gobernante.
La victoria en Londres fue importante por el simbolismo de desplazar al alcalde más poderoso del país, quien además era popular, pero a quien lo daño más su personaje público y su forma de gobernar (se lo acusa de arrogante y de no escuchar a la legislatura de la ciudad) que sus políticas. Pero en cuanto a los números, la victoria de los Tories fue mucho más amplia e importante en otras partes del país y sumaron 256 escaños mientras que los laboristas perdieron 331.
Con estos resultados, le propinaron al partido gobernante la mayor derrota desde la ochentosa época del thatcherismo. De hecho, fue la mayor en 40 años. Ni siquiera en aquella derrota laborista de 2005, cuando Tony Blair estaba en su peor momento, hubo una paliza tan grande.
El líder conservador, David Cameron, y Johnson deberán ahora encontrar la forma de trabajar juntos para consolidar el derrumbe laborista, si es que los laboristas no se derrumban solos. El problema está en las diferencias de personalidad entre Cameron y Johnson, muy distintos uno del otro a pesar de que a ambos los acusan de ser demasiado "toffs" (algo así como cogotudos) para seducir a las masas.
Cameron no es un dirigente atractivo pero crece a la luz de la ineptidud aparente de Brown y compañía. Cameron es serio, muy serio, incluso un poco demasiado serio y su mesura al hablar y actuar le quitan brillo como objeto de márketing político. Tanta falta de chispa solo quedará remarcada al lado de Johnson.

Si Johnson hace un buen gobierno, cosa que puede hacer con poco y manteniendo en posición ciertos aspectos de la administración Livingstone, y evita esas errores y esas mentiras que le ganaron el apodo de payaso y mentiroso, entonces Cameron tendrá el respaldo de un aliado sobre el que cimentar su plataforma (la descripción que hacen en The New Statesman es imperdible: "Boris Johnson es un payaso deshonesto e incompetente, cuya vida a sido una larga historia de privlegio personal y despectivo").
En Cameron y Johnson estará levantar los últimos pilares que el conservadurismo necesita para volver a Downing Street 10. La sociedad no será fácil de consolidar, como deja claro The Independent con su título de tapa de hoy: The Odd Couple (La extraña pareja). Así explican el por qué del título:
Detrás de las sonrisas y de las palmadas triunfantes que acompañaron la victoria de Boris Johnson este fin de semana, en privado David Cameron se muestra preocupado de que el nuevo alcalde Tory de Londes pueda arruinar sus posibilidades de convertirse en Primer Ministro.A no confundirse. Cameron y Johnson son amigos desde que estudiaron en la misma época en Eton, la elitista escuela de la clase alta inglesa, antes de ir ambos a Oxford. Pero la mesura de Cameron servirá de poco si Johnson, a quien alguna vez echaron de un trabajo en el diario de The Times por inventar declaraciones para notas, mete la pata. Y nadie duda que va a meter la pata con alguna declaración, porque siempre lo hace, sea criticando a alguien de forma grosera, sea juntándose con criminales, sea hablando mal de inmigrantes (la entrada de Wikipedia en inglés, completísima).
La promesa de Johnson (...) de proteger los autos altamente contaminantes de los conductores es una amenaza contra el argumento principal de la campaña de Camaeron: el medio ambiente. Otros áreas contenciosas incluyen la inmigración.
En medio de todo esto, a Gordon Brown le queda cruzar los dedos. Por ahora se hace cargo cien por cien de la derrota. Lo que le queda hacer es ver cómo se rearma y cómo convence, en dos años, a los electores de que al laborismo le queda aire fresco.
