17.4.08

Silvio Berlusconi, ¿presagio de un fenómeno europeista?

[...] Berlusconi ha sobrevivido a todo, gobiernos contrarios y acusaciones de delitos infamantes anuladas por un Parlamento convertido en escudo privado a su servicio, socios internacionales que han gobernado y se han retirado, un conflicto de intereses tan perfecto que ha logrado superar, intacto, las etapas políticas, y sella esa era consigo mismo, única medida auténtica de la gesta, clave suprema de la derecha, identificación definitiva entre un dirigente y el destino de la nación, según la receta del populismo más moderno.
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En una Italia que ni siquiera se ha revelado nunca a sí misma su alma de derechas y la ha ocultado siempre bajo la ambigua complejidad democristiana, Il Cavaliere ha creado un sentimiento común de rebelión y orden que él impulsa y agita en función de las etapas y las conveniencias, con total libertad, porque no tiene que responder a una verdadera opinión pública ni dentro del partido (que no ha celebrado ningún congreso desde 1994) ni en el país, sino que le bastan una adhesión, un aplauso, una vibración de consenso, como ocurre cuando la política se celebra a base de grandes acontecimientos, los ciudadanos se vuelven espectadores y los líderes se convierten en ídolos modernos, para utilizar la definición de Bauman.
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Estamos -y lo digo señalando la absoluta novedad del fenómeno- ante el fundamento del renacido populismo berlusconiano, un populismo de la modernidad, que ignora la mala experiencia del gobierno de la derecha durante un quinquenio en Palazzo Chigi, la edad avanzada, el desgaste repetido, la fatiga del lenguaje ("sopesando", "mundialmente", "jerarquizar"...), el gigantismo de las promesas, las obsesiones privadas convertidas en prioridades de la República, el perpetuo arreglo de cuentas con la magistratura. Es un fenómeno que puede extenderse a Europa, porque, en momentos de globalización y desencanto cívico, puede permitir la ilusión de que simplifica los problemas y deshace con la espada del líder los nudos que se afana en hacer la política. Por eso el populismo y la delegación carismática en el líder puede servir de marco coherente a los miedos.
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Por otra parte, tenemos la esperanza de que Berlusconi -que al obtener su tercer mandato se ha librado del terror de tener que rendir cuentas a la justicia republicana- sienta la ambición de gobernar de verdad, de descubrir el interés general tras el abuso de unos intereses completamente privados. Si es así, será positivo para el país, que ya no tiene tiempo ni ocasión que perder.
El artículo completo de Ezio Mauro, director de La Repubblica, en El País.